La canción y el mundo
- Zoraida Santiago

- 7 may
- 3 Min. de lectura
Muchas veces me preguntan si puede una canción cambiar el mundo. Es una pregunta que a veces, sólo a veces, esconde una intención de denostar las canciones que son críticas del mundo, del poder en todas sus encarnaciones, aunque no sean directamente canciones de “protesta”. Mi contestación a veces no es clara. Quiero aclararla escribiendo esto, no solo para los lectores, sino para mí también.
Una canción de por sí no cambia el mundo. Como tampoco un discurso, ni una marcha, ni un artículo académico, periodístico o ensayístico. Tampoco una novela, ni un poema, ni un filme, ni una obra plástica, ni una fotografía. Más aún, todos esos son esfuerzos quizás ni siquiera se hacen con la intención expresa de cambiar el mundo. Se hacen porque hay seres humanos preocupados, que se han puesto manos a la obra para exponer, externalizar lo que piensan y lo que sienten. No para cambiar el mundo, sino para sentir que no están solos, que son parte de una comunidad que se expresa, que siente y que habla, porque callar no es opción.
Hay una cosa que sucede, pienso yo, solamente con la canción. Y es que cuando ésta no se compone para crear fama, ni para buscar audiencia, sino simplemente para expresar lo que la autora siente y piensa, de alguna manera se percibe como inútil, como incapaz de cambiar el mundo. Es lo implícito -a veces, insisto- de la pregunta, que usualmente solo se le hace al autor de una canción; nunca a un novelista, ni a un artista, ni a un académico. Siempre me he preguntado la razón, y hoy comparto con ustedes, a ver si me iluminan. ¿Por qué esta insistencia con la canción? ¿O me equivoco?
Yo siempre he pensado que está muy claro que ninguna persona, por sí sola, puede cambiar el mundo. Pero oigan, es que no estamos solos, no vivimos en un vacío. Lo hermoso y a la vez terrible de los seres humanos es precisamente su incapacidad de ser, de actuar, aislados de su entorno humano y natural. Y digo terrible porque de la misma forma que podemos transformar el mundo dando un fuerte abrazo a alguien que sufre, también lo podemos transformar mediante la violencia. Todo lo que hacemos tiene el efecto de perdurar, de hacerse real, de entrar en la experiencia de otros, de hacer reír o de hacer llorar.
El mundo cambia porque todos, absolutamente todos, incluso los que callan y otorgan, los que se sienten incapaces de cambiarlo, tenemos injerencia sobre él. Consciente de esa realidad, yo no puedo ser de las que callan. Por eso hago canciones. Es mi manera de actuar sobre el mundo. Si el mundo cambia o no, a partir de esa canción, depende de si en ella expreso algo que no es solo mío, y que puede ser recogido en la experiencia de los otros, y que esos otros no se sientan solos y tampoco yo. Otras personas escriben poemas, otras pintan, otras marchan, otras estudian y producen textos. Acompañan procesos históricos mediante actos de creación que potencian los actos de otros.
No, una canción no cambia el mundo, no tiene ese poder extraordinario. Pero si no se crea, si se calla el cantor, como diría Horacio Guarany, será un hombro menos en el proyecto colectivo de construir un futuro más humano.



Fíjate que no sabía que la frase “los Yanquis quieren fuego” era de Fco Matos Paoli. Excelente lecturita, gracias por tus canciones que abren los ojos y el corazón.