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Cantar con el piano


Tengo que escribir algo sobre Voz y piano, hermanos, concierto que presentáramos Tato y yo en el Moneró el pasado 9 de mayo.


Pocas veces se viven momentos así. El lugar perfecto, la audiencia ávida y feliz de estar allí, el sonido claro y nítido, la luz ambientando y acompañando la música para crear una magia alrededor de unas canciones compuestas para ser compartidas. Y el público ahí, cerquita, en la intimidad de una sala preparada para este encuentro. Este es el momento culminante de un proceso largo, comenzando por la composición, el arreglo, los ensayos, la planificación, el escogido del repertorio, hasta llegar a ese escenario en el que lo damos todo.


A veces es difícil encontrar las palabras para describir lo que se siente en esos momentos. La luz de la sala se apaga y se anuncia el inminente comienzo del recital que hemos preparado cuidadosamente, con mucha ilusión. Suenan las primeras notas del piano, En ese momento hay incertidumbre pero también expectación. Todo es posible, tanto el desastre como el gozo. Al principio vas con cuidado, aún no te sientes confiada, pero algo te dice que te dejes ir, que sueltes la emoción. Todo va a ir bien, te dices. Ahí es cuando escuchas los primeros aplausos, tan apreciados, porque te dicen que están allí, pendientes de cada nota, de cada verso. Y de ahí en adelante todo es navegar, casi sin brújula, porque aunque has ensayado, este momento es único, irrepetible. Y te das cuenta que tienes que vivirlo a plenitud. Esa conexión se da si eres sincera. Si sueltas los miedos, se suelta la voz. Navegas canción a canción, y todo va en crescendo, las pausas sentidas, la intensidad cuando es necesaria, la sutileza, la pena, el amor, todo debe ser dejado en libertad para que toque los corazones del escucha.


Y el piano. Nada como cantar en diálogo, a dúo, con el piano. Pianoforte, porque puede ir de lo sutil a lo intenso, de la suavidad a la fuerza, en un instante. Puede producir melodías que transmitan ternura, o acordes y arpegios que provoquen tristeza, temor, rabia. Ningún otro instrumento puede, por sí solo, lograr la amplitud de expresión que logra el piano. Pero el piano es el instrumento. Si no fuera por las manos, la mente, el corazón de quien lo toca, la destreza técnica y sobre todo la sensibilidad que se requiere, no alcanzaría esas dimensiones. El pianista encuentra su voz en la canción, y establece ese diálogo en el que participa como creador de emociones que permiten a todos los presentes echarse a volar, como dos alas que impulsan el sueño, como un paisaje que se nos presenta abierto a todas las posibilidades, más allá de las restricciones que nos impone el presente, rompiendo mitos, creando otros, abriendo el mundo a lo posible. El pianista canta con su piano. Tato canta con su piano. Qué maravilla.









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Invitado
27 may
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Maestro Tato ✊Zoraida✊.

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